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domingo, marzo 16, 2008

15 y 16 de Marzo

Eni, la punta es Cap Washoc

Acabo de tener los pensamientos más extraños de la última semana, como si recién el asombro de un misterio revelado se volviese un placer imparable, un descubrimiento que no es tal, sino una casualidad natural... algo así, como cuando un bebé descubre el placer tranquilo que le provoca chuparse el pulgar de la mano.

Pues bien. Pensaba, ¿qué hace que las personas abran sus hogares a un extraño? ¿Qué mueve a una persona el compartir aquellos lugares especiales de Maré, que le son propios, silenciosos, cadenciosos, inalienables, con alguien a quien apenas conocen?

No puedo evitar una sonrisa mientras escribo esto.


Me encanta la fuerza de sus ojos. Y su sonrisa. Podría quedarme toda la tarde observando al viento marino jugar con sus cabellos, mientras su mirada se pierde en la fuerza con que se mueven las olas y vuelve a mí con esa certeza de que estoy en el lugar correcto, sentado en los acantilados de Eni, con ella. Como cuando te acuestas en tu posición favorita, y todos los músculos reposan en la quietud del relajo que se lleva toda intención de movimiento tu cuerpo.


En su compañia me siento bien, en el lugar correcto, en el momento correcto. Tan
bien, como con la playa, la brisa, las duchas saladas de las olas que se suben por los acantilados en columnas que buscan tocar a las nubes.

En Maré, conocí a Alice.


Creo que es un buen augurio, si por medio de los Zickgraf he podido conocer más personas no-tan-parisien/ne, significa que la vida social surge sí o sí cuando hay afecto, y se disfruta la compañia mutua.


Y esta noche la Luna, cubierta por un velo de nubes, alumbra el horizonte en Pedé... en dirección a Chile. Y nada puede hacer que me sienta más vivo y menos dormido.


Los quiero muchísimo.

Felipe

El fósil corralino

sábado, marzo 08, 2008

El Retorno...

Mirar hacia atrás, las últimas semanas: vacaciones, sobrin@s, prim@s, amig@s, hermanas y padres, es cada día más difícil. Una niebla espesa crece sobre la tierra que nutre esos recuerdos, con la esperanza de que la helada mañana la transforme en ese rocío congelado del invierno. Permítanse la Edad de Hielo... quédense para siempre congelados, porque volveré un día a descongelarlos para vivirlos.

Ahora miro de nuevo hacia delante. No puedo evitar suspirar. Papá mencionó que intentase sacudirme la tristeza. No lo logro. Mientras tanto me ahogo en la pega de revisar videos, dormir hasta tarde, garrabatear algo en inglés para presentar mis resultados año 2007.

He aprendido tanto en las otras áreas que siento vergüenza de no poder decir lo mismo desde lo académico, ahí crece el monstruo sin rostro de la inseguridad, del sentirse un alienígena en países extraños (uno más que el otro). Cada vez que le miro creo que saltará sobre mi para comer y robarme el rostro. Le doy esquinazo por la duración de este post, y luego de correr un par de cuadras imaginarias y estrujar el sudor de mi camisa de jogging sobre una poza de agua salada con olas de atardecer, me concentro de nuevo en el mensaje (in)constante de mi blog.

Esto es por ti, para que te canses... para que agotes opciones... para que crezcas.

Y es cierto. Funcionó. Hoy reconozco los relieves que me llevan hacia el hogar. Ese lugar que voy a construir. Noto de inmediato que he suprimido la expresión añoranza. Nada peor que un pusilánime hipócrita. Ya no añoro cosas. Tengo claro lo que soy capaz de hacer y lo que no. En mi caso, esta certeza no se ha hecho carne sin antes haber probado mis límites lejos de quienes me vieron crecer, en situaciones extremadamente bizarras. Aprendo lento, gracias a esa tozudez que corre en la familia y que he sabido glorificar con grandes fracasos y alegres éxitos.

Me gusta sentarme en silencio con mis amigos. Hay un entendimiento claro de que soy esa silenciosa silueta llegada de Chile, a quien le cuesta hoy más hablar fluidamente sobre si mismo. El contraste invisible consiste en las disputas internas, llamadas diálogos personales, donde muchas causas pérdidas se están transformando en fronteras nuevas de una personalidad que se construye activamente, bajo esa máscara de weón silencioso. Fronteras que no necesitan muros. Fronteras coloreados por carteles que dicen:

PELIGRO
MINAS ANTIPERSONALES

Al igual que los carteles del Desierto de Atacama. Parece increíble que en medio de la “nada” hayan barreras no-sólidas, enterradas fuera del escrutinio visual, letales, ímpias. Meterse ahí asumiendo el riesgo que se corre, de no poder volver jamás al camino que juntos emprendimos, mis sueños y yo, es algo que no deseo hacer.

El desafío de este año es vivirlo sin grandes tropiezos. Lograr terminar mis experimentos en la isla, porque la plata se acaba pa’ los cuerveros como yo y volver a Auckland a terminar la tesis. Quemar la etapa académica para siempre. Además, la incerteza se cierne sobre nuestro equipo como una amenazante tormenta, natural pero potencialmente destructiva: la esposa de uno de mis tutores ha desarrollado cáncer, con metástasis.

Diréis quizás Felipe se está dejando afectar por cosas, de una manera que no debiese ser. Conozco a los niños. He vivido con ellos. Me cuesta no involucrarme.

Este año pasado me ha vuelto un sentimental. Valoro la familia por sobre todas las cosas. Es un tipo de amor –en la mía al menos– que no respeta límites. Podemos tener problemas, decirnos cosas que hacen daño, omitir hasta producirle dolor a los otros, pero siempre volvemos a ese recuadro del tablero, donde es imposible ignorar las caricias del pasado y lo mucho que cuesta estar lejos el uno del otro (aunque nos convenzamos de que es por el bien general). Lo mucho que necesitamos del otro para que el mundo brille más ante nuestros ojos. No quiero dejar de jugar este juego que mis padres me enseñaron, donde los límites que no están construidos de amor –ladrillo a ladrillo– pueden botarse, olvidarse, transformarse en círculos de afecto cada vez mayores.

Más callado. Más atento. Más cariñoso. Más generoso. Más sano.

Menos torpe. Menos ensimismado. Menos aburrido. Menos quejumbroso.

Son mis deseos para este 2008.

Cualquier cosa, cuenta conmigo. Aquí estaré.


Luisa Moana, hija de Jenny y Roland
(por Simon G.)


Simon
(¡¡con una pinta de papá que no se la puede!!)


Ready-for-Tennis-match Andreea, Simon


Jenny y sus facetas

Roland (el orgulloso padre)

El Autor babeando con guaguas ajenas

Preciosa, linda, traviesa: Romina

La Señorita NO!

¡¡Feliz Cumpleaños Mamá!!
(Andrea, atrás)

Silvia, Papá y la que nunca falta en una foto: Tamara

Tania y sobrina Constanza Sofia

Tania, Vicente, Constanza y Claudio

Constanza, aprendiendo a sonreir

Vicente, la Super Laucha

El genio artista, Cristian, y su primo

En su máxima expresión, Cristian.

Pia, Tamara (... de nuevo)

María, Abuelo Manolo.

Yoana.

Kurt, Yoana (pololos).

Shiiiiaaaa: Tamara (sí, de nuevo...), Daniela.

Bribri de las Escaleras, Paulina.

Orni y Lagarto, Mauricio y Rodrigo.

Sra. Orni, Angela.

El inolvidable, el único, Pega-Pega Tigretón: Tomás.

Hermano, Insular Hans. Primo Cristian.

viernes, febrero 15, 2008

Me costó caleta volver a escribir sobre este último trozo del viaje al Norte. De alguna manera hallé tantos pretextos que nunca me hice el tiempo para elegir las fotos y revivir los momentos especiales de esta osada escapada. Fue una alegría indescriptible estar con los Gomila. Siempre los llevaré en el corazón. Gracias Mau por acompañarme, por embarcarte en la difícil tarea de abrir ese hoyo negro (del tiempo y espacio) para teletransportarte hasta estar bajo un Sol inclemente, para probar la sal de la tierra y ver las ruinas de nuestros antepasados.


El Viaje al Centro de la Tierra Atacameña II
Aventuras de Horny-torrinco, Pejelagarto y Marmota


Hilando la historia

Bueno, llegamos la noche del Día 4 (Vi) a San Pedro. Lo último que habíamos visto fueron los flamencos de Chaxa y la Reserva de Los Flamencos del Salar de Atacama.

Días 5-6-7

No nos costó la verdad demasiado encontrar un hostal donde quedarnos por un sablazo de plata la noche. Commonwealth y la sua. Arreglado. Teníamos camas y había inclusive ánimo para salir a mirar el pueblito y comer algo en un restaurant cuico.

Al final, nos acostamos retarde, bien comidos, bien bebidos, me sentí todo un hobbit. Habíamos conversado, aguantado el frío a más ya no poder y estaba personalmente agotado y listo para entregarme a los brazos de Morfeo (por fleto que suene) para despertar fresquito al día siguiente.



Los Tres Mosqueperros

Nos esperaban las Termas de Puritama, camino a los géisers del Tatio. Hicimos el trip corto hasta ahí (a 10 kms de San Pedro), sin llegar al Tatio of course. Escogimos nuestra posa número UNO para bañarnos. Con cascada, matapiojos, pendejas aweonadas y todo. Espectacular tarde. Horas de placer temperado (32 grados Celcius para ser precisos). Fue como estar bajo una fuente de la juventud con fuerte olor a huevo duro (azufrado rico).






Momento Gay-Ser

Como las Termas nos tuvieron atrapados hasta las 5 or so, decidimos ir de pasadita a los Valles de la Muerte y de la Luna. Además que era el cumpleaños de Mau (Horny-torrinco) y había que celebrarlo. Las caminatas estuvieron al orden del día.

Yo casi sucumbo al poder de las Dunas que amenazan con taparnos de arena... Fue un momento en el cuál decidí probar mi estado físico y descubrí que no estaba en forma para una subida tan terriblemente brígida. Apenas llegamos a 2/5 de la duna del Valle de la Muerte y saqué una foto preciosa de la vista.

Valle de La Muerte






Valle de La Luna





Las sensaciones entre las rocas plegadas, el agua que brota en el desierto, y el contraste de los caminos excavados entre ellos es como la cachetada ardiente del Sol que despelleja la piel luego de que la temperatura ha obrado lo suyo tras un tiempo. Es un efecto de largo plazo y transformador. Exquisitamente molesto.


Como ver la foto del Volcán Licancabur. Es como si uno pudiese sentir el efecto de la tierra resquebrajándose, pero que esa corteza terrestre fuese la piel que nos cubre, o un sentimiento poderoso que nos embarga. Un trozo de mi alma entramada se seca, se aja, se abre y es una herida de la cual mana mi esencia. Es el poder del Desierto.




Volvimos a San Pedro. Salimos con ánimos de carretear y celebrar el cumple de Mau hasta las tantas horas, al menos Lagartija y yo. Orni se nos unió un poco más tarde. Porque inclusive hubo una incursión orca esa madrugada. Jejeje... Mau era el único que intentaba hacerse escuchar, la cordura era su lema.

Se suponía que ibamos a levantarnos temprano, onda ultra temprano para subir detrás de los convoys de turistas para llegar al Tatio. Los géisers. Bueno, nos despertamos tras dormitar una hora cagona y media. Con las medias ojeras decidimos en silencio mandar al Tatio a la cresta y dormir hasta que nos echaran a las 12. La incursión orca había drenado nuestras fuerzas... lo más hermoso fueron, desde mi punto de vista personal, las estrellas del cielo esa pasada madrugada junto a un lecho de un río. Lo demás fue ese drenaje poco voluntarioso de los orcos sedientos de carne fresca.

Al salir del Hostal, teníamos claro que había que regresar a Antofa a eso de las 20 hrs. El bus de regreso a La Serena salía a las 23:15. Así que teníamos que visitor las Ruinas de Tulor y el Pucará de Quitor en tiempo récord. Igual no estaba tan apretado el itinerario. Si hasta nos tomamos sus recreos en Tulor y Quitor (en la Torre de Mordor).


Camino a Tulor

Las Ruinas de Tulor


El Pucará de Quitor



Después de (i) una infinidad de fotos, (ii) mucho Sol, (iii) una subida “a lo joven” hasta la Torre de Mordor –donde la vista del Valle de la Muerte y del Salar del Atacama todo lo vale y cala hondo en el ego personal– guiados por los resbaladizos movimientos de nuestro geólogo amigo, y (iv) unas chelas al lado de esa horrible cruz tetralingüe que los católicos construyeron en ese inmenso cerro “a coté” del Pucará, abandonamos Quitor con una inmensa satisfacción de la misión lograda, sólo comparable al dolor producido por las quemaduras en la espalda de Mau. Pero esto último solamente me lo puedo imaginar.



La vista del Valle de la Muerte desde la Torre de Mordor

Sólo nos faltó tiempo para las Cavernas de Quitor, los Géisers del Tatio y las Mil y Una Maravillas Geológicas que la mente de mi geólogo amigo puede llegar a concebir en un estado de delirio creativo.

Dormimos raja esa noche en el bus de regreso a Serena. Tendríamos todo el día para pasear en Serena y Coquimbo, al despuntar el mediodía. El recuerdo de los Gomila me arropó en el bus contra el frío de la noche.


Al día siguiente paseamos con Mau en Coquimbo y en Serena. Mau me llevó a un restaurant-picada llamado El Rincón de Yenny donde hicimos honores a todos los romanos y sus dioses del apetito voraz. Más tarde caminaríamos por el Centro de Coquimbo, visitamos la Feria del Libro en Serena y unas cuantas ferias artesanales de cualquier cosa menos artesanía autóctona. En fin...

El viaje fue un acierto, y un éxitazo. Mil gracias Commonwealth, Conicyt y Marsden Grant. Gracias Mau y Rodrigo. También a Loreto, Carolina y Alfonso.

Un abrazo a todos. Nos vemos pronto... cuando menos se lo esperen.

;)